Bubangos al sol

11.9.06

La verdad absoluta
El sacerdote de la boda del sábado dedicó a los contrayentes una reflexión católica sobre lo acertado de confirmar su unión por ese rito. Puse atención durante todo el discurso, y quedé realmente fascinada con lo parecido que resultaba al diálogo mantenido entre Naphta, el jesuita proto-estalinista de "La montaña mágica" (Thomas Mann, 1924) y Hans Castorp en una de sus luchas dialécticas anti y pro humanistas. Lo había leído hacía escasas horas.
La reflexión en el púlpito no empezaba mal: el amor no tiene por qué ser eterno. Sorpresivamente, continuaba argumentando que existen inversiones a muy bajo interés que te garantizan ciertas "mejorías". Esto es, certificar dicho amor en el altar. Ejem: en el suyo, claro. Esto podría ser razonable, teniendo en cuenta el pensamiento y espíritu de los novios, pero.... la argumentación carecía de ese matiz librepensador, místico o quizá budista que hubiera conferido dignidad al orador, independientemente de su religión. No. El argumento se encaminaba mas bien al "si no inviertes aquí, estás destinado al fuego fatuo y la perdición". A vivir en pecado, en la desorientación. En definitiva, el ser humano no debe tener tiempo para su propia espiritualidad. Debe apenas firmar la carta en la trastienda de la iglesia de turno y del resto ya se encarga el Obispado. Triste.
Este marketing promocional basa en el miedo y en el mensaje unidireccional toda su estrategia. Me recuerda al "las prestaciones de seguridad de mi marca de vehículos garantiza como ninguna otra tu superviviencia en carretera". ¿Quiero esto decir que mi pequeño Ford es pues un pasaporte hacia el abismo?. ¿Y en qué lugar queda mi forma de conducir como garante de mi seguridad? ¿Y el estado de la vía, y lo que es más crítico, mi estado de ánimo?.
Ahí arriba, en los púlpitos, todo debe contemplarse diferente. Según Naphta, solo a través del terror encontrará forma un nuevo orden para la humanidad. Thomas Mann escribió su obra maestra, oráculo del pensamiento y los horrores del Siglo XX, observando el devenir de los púlpitos de Europa, los religiosos y los políticos. ¿Existe propiedad de espíritu en el mundo actual, o solo una sucesión infinita de púlpitos que venden la verdad absoluta a precio de saldo?
Quizá debería dejar de leer obras tan complejas y profundas. Quizá no debería ir a más bodas.

3 Comments:

  • Sí, a mi también me queda esa duda. Parece que, cuando vamos a una boda, estamos celebrando que fulanito ya puede acostarse legalmente con menganita...
    En todo caso, eso de cometer pecados sigue siendo muy divertido.
    Y otra cosa, no dejes de leer a Thomas Mann, mejor abstente de las bodas (aunque no de los banquetes, sis on de postín)

    By Blogger El detective amaestrado, at 5:56 p. m.  

  • La religión cristiana siempre ha basado su negocio en el miedo. Se inició con el instintivo miedo a la muerte pero se ha ido extendiendo a cualquier otra área de negocio que han conseguido conquistar.

    En ese sentido siempre han vendido la pócima maravillosa que cura todos los males. Soluciones instantáneas.

    ¿Tiene miedo a la muerte? ¡No se preocupe! ¡Tenemos la solución! A cambio piden la sumisión absoluta, aunque últimamente se conforman con que marques su casilla en el IRPF, o que constes en sus listas como adscrito al católicismo.

    Sobre lo que deberías hacer, a lo mejor deberías dejar de hacer las dos cosas :D

    By Anonymous Julio, at 7:38 p. m.  

  • Muy de acuerdo con Julio.

    Las catedrales no tienen ese aspecto para resultar bonitas. Más bien para infundir respeto... y del respeto al miedo hay 1 paso.

    Las bodas apenas tienen sentido cuando eres ateo, ni siquiera las civiles. Y menos como está el temita en los tiempos que corren.

    Ahorrate los discursos trasnochados sobre el amor de clérigos, que son los menos indicados para hablar de un tema que no conocen, y ahórrate las comidas si puedes evitarlo, porque ya sabes que al final quien paga el cubierto eres tú misma.

    Si no es un compromiso inexcusable, da una excusa creible y pégate el homenaje esa misma noche en un buen restaurante esa misma noche eligiendo TÚ el menú y con la compañía que elijas, no la que caiga en la mesa donde han tenido que meterte porque no pegabas con la tía Eduvigis de tal compañero que ya no tratas de la facultad ;)

    Yo voy a empezar a aplicarme el cuento y poner una excusa a la próxima invitación. Palabrita ;)

    By Blogger Óscar, at 1:11 p. m.  

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