Bubangos al sol

27.4.06

El loro Pepo y el inacabable viaje de regreso a Macondo
Érase una vez esta mañana que he leído en la prensa la que sin duda es la noticia más tierna y pintoresca que me ha llegado en los últimos meses. Se trata de las peripecias de un loro argentino llamado Pepo, objeto de una controversia sentimental entre dos familias que se disputaron su estiloso plumaje. Pepo estuvo retenido en comisaría hasta que confesó quién le limpiaba la jaula y alimentaba con pipas de girasol de primera.
Además, cuenta la nota de EFE que según el que se ha probado como su auténtico dueño, Pepo es capaz de cantar el himno del equipo de fútbol de San Lorenzo, lo que en Argentina probablemente convierte al bello alado de esta historia en mucho más que en simple ave tropical de jaula. Pepo debía conocer las ventajas de hacerse hincha por el pico porque se llevó a los policías al huerto y se convirtió en el rey de la comisaría. Pena no poder llevar también los colores del San Lorenzo en las plumas.

Pepo ama la música, y aficiona a cantar Zapatos Rotos desde su soleado patio de Buenos Aires.
Lo que nadie sabe es que Pepo no pertenece a estas familias, ni a la selva amazónica, sino que es un secreto furtivo de un cuento de Gabriel García Márquez, quizá de la colección de la "La increíble y triste historia de la Cándida Eréndira y de su abuela desalmada" o de "El coronel no tiene quien le escriba".
Muchas veces me despierto una mañana ansiosa, como si yo fuera Ferina Daza y Florentino Ariza me persiguiera por amor en los tiempos del cólera, con mi cama convertida en hamaca caribeña, deseando que toda la saga de los Buendía me prepare el desayuno inundando de luz y magia el cuarto.
Y hoy, qué curioso, me levanté y apareció el color de Pepo, que se le escapó a García Márquez de la pluma, y di gracias a los dioses por esa historia.

-
Se lo llevaron a la fuerza -gritó-.
Les dije que el gallo no saldría de esta casa mientras yo estuviera viva. El coronel amarró el gallo al soporte de la hornilla. Cambió el agua al tarro, perseguido por la voz frenética de la mujer.
-Dijeron que se lo llevarían por encima de nuestros cadáveres -dijo-. Dijeron que el gallo no era nuestro, sino de todo el pueblo.
Sólo cuando terminó con el gallo el coronel se enfrentó al rostro trastornado de su mujer. Descubrió sin asombro que no le producía remordimiento ni compasión.
-Hicieron bien -dijo calmadamente. Y luego, registrándose los bolsillos, agregó, con una especie de insondable dulzura-: El gallo no se vende.
(Fragmento de "El coronel no tiene quien le escriba". Gabriel García Márquez)

20.4.06

El coche
Durante la Semana Santa estuve en la carretera, visitando Castilla, que es ancha, como estrechas son las autopistas. En éstas, en las autopistas y carreteras secundarias de los hermosos paisajes de la Alcarria, vi cosas que no se ven ni dentro de la inquietante película de StevenSpielberg "El diablo sobre ruedas": vi adelantar entre dos coches para pasar al tercer carril, vi y no vi bólidos circulando a mínimo 200 km hora. Calculo haber visto más de 40 acciones muy peligrosas.
No tengo una opinión muy formada sobre el suicidio y su penalización, aunque sí sobre el asesinato, y lo impunes que quedan los viles hidalgos de la carretera castellana. Menos campañas y más acción. He escuchado que en Francia se aplica una técnica muy controvertida: parar al suicida sobre ruedas y aplicarle un correctivo basado en una breve visita a una cabina donde durante 15 minutos charla con una víctima de las imprudencias de otros.


Pero más allá de esta denuncia, confieso que algunos de los mejores viajes que he hecho han sido en coche y lo recomiendo como una fantástica forma de descubrir nuestro entorno.Por cierto, aprovecho para recomendar las Hoces del Río Dulce, en Guadalajara, y os conmino a disfrutar de las fantásticas fotos de El Hierro que publica Barraquito. Todo un placer.

3.4.06

Marbellas
Igual es cosa mía, pero, ¿por qué será que cuando veo Marbella veo Playa de Las Américas y Los Cristianos, en Tenerife y veo Maspalomas y Playa el Inglés, en Gran Canaria?.Tanto monta, monta tanto.
Cuando otros ven Marbella me cuentan que ven Murcia, y esa imagen del espanto que es La Manga del Mar Menor. Otros ven Mallorca y otros Alicante y todos juntos vemos cientos de campos de golf superpuestos al spot de ahorro de agua del Canal de Isabel II.
Hay tantas Marbellas. Puedes olerlas, como ese trozo de queso que cobra vida en la nevera y que con los días adopta la forma de un monstruo informe que nadie quiere retirar. Porque la mierda huele, aunque se tape con 5 estrellas.
Lo que más me ha impactado de este caso no es lo que se ha perdido para siempre en nuestras costas, ni los tigres que se confunden con las alfombras de palacetes kitsch, ni esa maraña pseudo-política con liposucción que trinca y maneja a pie de playa.
Me impacta la imagen del Juez Torres, de 35 años, el tipo de pulso firme y discreto que está al frente de todo el guateque malayo. ¿Es quizá esa, al fin y al cabo, la única imagen para la esperanza?